domingo, 7 de enero de 2007

100 años de evolución del parabrisas

Poco o nada se sabe de cómo evolucionó el parabrisas que ahora para nosotros es común y corriente. Descubre cómo la sofisticación se abrió paso en el palacio de cristal.

Todo un mundo distingue los parabrisas planos de los torpedos de principios del siglo XX, de los parabrisas sofisticados y panorámicos de los coches actuales. Desde hace más de cien años, fabricantes de lunas y constructores de automóviles trabajan en estrecha colaboración para ofrecer mayor confort, luminosidad y seguridad a los pasajeros. Historia de la evolución del cristal en el automóvil.



A principios del siglo XX, viajar en automóvil suponía una lucha incesante contra la intemperie (¡había que "parar" la brisa!). Los primeros automóviles carecían de cristales y los pasajeros debían sufrir la inclemencia del viento y del frío. El parabrisas era un accesorio muy peligroso, ya que en caso de choque, se quebraba en mil trozos cortantes. A partir de los años 20, se generalizaron los coches cerrados, conocidos como de "conducción interior".



En 1927 aparece el parabrisas laminado que se instala de serie en los Ford Modelo A. Este cristal es resultado de la invención en 1909 del químico francés E. Benedictus, y se caracteriza por conservar la cohesión en caso de choque gracias a un film de plástico que se coloca entre dos hojas de vidrios. A partir de los años 30, los coches comienzan a tener líneas más aerodinámicas y el parabrisas se inclina, como el del Peugeot 402 de 1934. El del Chrysler Airflow, de 1934, es incluso redondeado, una novedad mundial. El 402 Andreau (1936), del que se construyeron 5 unidades, presenta una superficie acristalada aún más estilizada.



Después de 1945, el diseño influye cada vez más en el aspecto de los cristales. Los parabrisas panorámicos se generalizan en los años 50 en Estados Unidos. En 1955, el DS resulta impactante con sus lunas laterales sin marco y su luneta trasera curva. Barthes lo admira en su libro Mitologías: "Aquí los cristales no son ventanas, aberturas realizadas en la carrocería, sino grandes superficies de aire y espacio, con cristales curvos y el brillo de las burbujas de jabón...". En los años 60, los cristales laterales adoptan formas más complejas, y con su cabina ovalada, el Lamborghini 350 GTV de 1964 es uno de los mejores ejemplos. El know-how de los cristaleros aumenta, y diez años después Citroën innova equipando al CX con una luneta trasera cóncava.


Cada vez más luz
Para mayor seguridad, a partir de 1983 los parabrisas en Europa deben ser obligatoriamente laminados. Los cristales tintados también van ganando terreno, procurando más confort visual y térmico. Desde hace diez años, la mayor innovación es el aumento de las superficies acristaladas. Un Peugeot 307 SW tiene una superficie acristalada de 5,34 m2, contra 2,24 m2 en un 304 de 1970. Se multiplican así los parabrisas inclinados, los techos acristalados panorámicos y las lunetas traseras con formas complejas y cada vez más sofisticadas. Los parabrisas atérmicos, como el del 407 Cupé, limitan el calor a bordo; los cristales laterales del C4 son laminados para mayor confort sonoro. Las lunas incorporan ahora antenas de radios, teléfonos y sistemas de navegación, al igual que sensores de lluvia. Incluso existe hoy una tecnología derivada de la aviación que equipa al Citröen C6, gracias a la cual la información fundamental para la conducción (velocidad, navegación, etc.) se proyecta en el parabrisas mediante un ingenioso sistema de visualización que permite mantener la mirada en la carretera.

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